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domingo, 15 de marzo de 2009

Lamias

El bosque nublado, entre la niebla el camino se torna impreciso y el peligro aparece como una constante, hay que arriesgarse, caminar y buscar la salida, llegar a casa.


Mover las piernas, el lodo es tu nuevo traje, no hay rastro de vida ni en las hojas secas. A lo lejos el río emana su olor, el aroma siniestro interrumpe la inhalación, las pupilas dilatadas generan escudos.


Es el río frente a frente, agua que sostiene a una balsa, ligera, pequeña y en presentación individual, debe ser la salida, en casa la cama estará esta noche con las sábanas en movimiento.


La balsa es el suelo seguro, es lo único firme en kilómetros, la madera es más cómoda que el lodo rogándole a los anclados pies a no avanzar más. Ruido en el lago, no ha sido considerado que el agua sea casa de otros y que los intrusos entren en territorios ajenos para seguir su destino.


La energía viene y va, pareciera que la voz lanza ecos pero son aquellas serpientes con cara femenina que se encuentran debajo del cristal que separa a la balsa y a los humanos pies del agua. Podría sentirse un alivio al presenciar caras conocidas, pero cada vez la energía es más opuesta a cualquier otra que se haya sentido a lo largo de esa corta vida, corta porque se va desintegrando ante los ojos del cazador, ante sus dientes amenazadores que desde lejos observaban la mala suerte y saboreaban a su futura cena.


Recuerdos de lo escrito entre las ramas de esas tinieblas, los dedos dejaron de expresar la presión sobre sus venas, los pulmones se ahogan entre gotas rojas, el río jamás tuvo ese color, no llegarás a la cama, las sábanas quedarán intactas y las lamias podrán dormir sin el estómago vacío.

Toser al precipicio

Al saberlo nada tiene sentido, un trozo ha sido robado, la misericordia perdió el último respiro de esperanza, la decisión debe ejecutarse, desde ahora las emociones serán guiadas. Las nubes procrean a un nuevo amante, ha llegado recientemente, ha brillado siendo tan nuevo, cómodo esperará el calor creciente del par de labios que ha olvidado en el abismo.

Sobran motivos para enfermarse, cualquier pretexto es suficiente para trasladarse a otras escalas, existe la sensación de escupir, exprimirse, escucharse toser en el baño, será la sangre tapizada en el suelo o simple enfermedad de saberse frío. Figuras en el virus, mecanismo de defensa ante el paciente terminal frente al espejo, te convertiste en materia insípida, repudiando el calor y a su adjunto antibiótico.

Es insoportable la distancia, el limitado amor desesperado está decidido a romper barreras, una solución debe existir. Las nubes pueden aparentar cercanía, no es necesaria una escalera para llegar a ellas, lanzarse al mismo abismo que te separa de tu símil será el objetivo. Cortas el hilo que te une a ese rojo tapiz y arrojas la circulación a un profundo precipicio, lastima y genera lástima, la cura nacía al amanecer con el calor del sol que veía cómo te arrojabas.

Los ojos aspiran alegría, el viaje ha sido corto y la evaporación es muy evidente, controlarás terminales nerviosas al final del precipicio, consumirás el último motivo de reconciliación con tu irrevocable e impaciente par entre las nubes.

Muerto

Al despertar, la coraza vacía, su función ha realizado, te ha abandonado y otorgado inmortalidad. Hombre varado sobre la lejanía de luz, no hay señal de vida, debes estar muerto, sin embargo no lo suficiente, un muerto no desaparecería, daría su última señal de vida y tú no proclamaste tu despedida.

No hay vida, debes estar muerto, te he perdido el rastro, sólo te he encontrado en sueños y hace tiempo que he dejado de soñar, me queda el recuerdo vago de tu cabello, tal vez hasta quede un poco del olor que desprendías.

La ausencia del vientre ha prevalecido en las sórdidas letras de tus entrañas, esa escasez de apego a la piel te ha hecho un hombre muerto.

No falleciste sólo para mí, la cueva que te observa al dormir es soporte de fúnebres flores naranjas, flores especialmente designadas para los muertos. Ni la duda auxilia tu constante estado de putrefacción y el ataúd que te protege en las noches es testigo de la descomposición.

Ensoñación, pensarte vivo con la sonrisa de colores, enérgico, ojos saltones y mi emoción en tus manos. Tan muerto que olvido si el sueño me obliga a recordarte, la duda que ahora sí existe al no saber si la nostalgia pura hace que te otorgue vida.

lunes, 8 de diciembre de 2008

Estoy frita entre recuerdos, inevitablemente enfurecida, gruñoña y contrariada, el muerto hace una vez más de las suyas, mi cerebro saldrá volando por los orificios de mis orejas y el corazón.... bueno, ese ya lo tiene él. ¿qué más me queda? atarme bien el cerebrote en el ausente lugar que el corazón robado dejó.

Es muy triste, es un pasó más allá de la tristeza.
Es inalcanzable.imposible.

lunes, 1 de diciembre de 2008

No quiero a nadie más, te pertenezco,sí, sólo a ti, recíclame para lo que te venga en gana, a nadie le vendría mal una esclava, esclava me digo por enamorada, recíclame que yo esperaré por siempre a que me quieras , aunque muera esperando, muerta te esperaré.

... y mi corazón será tuyo hasta que muera...

Mi concepto de añoranza se ha tornado burdo y deficiente desde que entraste en mi corazón. Jamás habría añorado con tanta fuerza y digo -habría- porque si justamente no te hubieras metido en la línea, no se hubiera afectado mi concepto.

Grito de todas las maneras posibles lo que me haces sentir, te lo digo y pareciera que el sonido que emito te ha sido tan sonado que ya no adquiere reacción, no vienes y no vendrás a mí.

Ahí me quedo observando, diciéndote con la mirada fría que ya no estoy para ti, tragándome los nervios bajo los ojos, saliendo con "galancetes" para olvidarte y para colmo mis intentos fallan. Punto y seguido, misión fallida, no lograré escabullirme entre tus brazos y yo no podré sacarte de los míos. Tanto añoro sacarte, tanto añoro verte, sentirte, me he perdido tanto en ti que busco mantenerte vivo con mis recuerdos.

Añoro salirme de este cuerpo, nuevamente -jamás- habría deseado transformarme, mudar de cascarón a uno de tu agrado, en donde no se hagan visibles las cicatrices, uno que haga que de igual manera lograras perderte en mí.No había deseado tener otro disfraz cubre-huesos, pero es que añoro tanto, te añoro tanto y añoro tan intensamente que tú me añores...