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domingo, 22 de junio de 2008

M

Amancemos y nos apagamos desesperadamente con ganas de suicidio, sí, suicidio puro, meramente suicido automático,somos vulnerables a que cualquier reacción nos altere.

Muerte y después de eso un aparente relámpago de repulsión, miedo e ignorancia, ¿es eso lo que rodea al concepto?, no. Dentro del elegido caos en la evasiva vida de cada uno, se puede afirmar que somos unos sádicos, masoquistas, débilmente fuertes, tenemos ganas de suicidio perfumando la carcaza, sabemos que es flamable y rociamos vanidosamente en escondidos lugares del cuerpo infinitos aromas que logran una mezcla peculiar... no hay certeza de que el cadáver calcinado aporte un ingrediente más a esa fragancia, sin embargo nos regocija la "prohibida", más bien, la no-debida idea de siquiera pensarlo,somos unos sádicos, nos rociamos entre nosotros olores de sadismo,buscamos encontrar en una ordinaria agenda, diferencias extraordinarias en nuestro morbo y encima de todo, somos reprimidos mentirosos...

Sé por qué se antoja en todos el suicidio, se antoja por no aceptarlo y al ejecutar cada página de esos libros que leemos en una constante, nos degollamos, extendemos el deseo de ver sangre arrancando pulsos del literal corazón, queremos sangre y hacemos un trueque por lágrimas, de todos modos es lo mismo, si algún elemento es dañado, es afectado en su totalidad el ser, que sea transparente o rojo no tiene importancia, la satisfacción es la misma y por la falta de suicidio, nos volvemos homicidas.

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